La cloración salina es una de las mejoras más demandadas en las piscinas españolas. Genera cloro de forma natural a partir de sal común, ofreciendo un agua más suave y saludable, sin el olor ni la irritación del cloro tradicional. Te explicamos cómo funciona y cuánto cuesta.
¿Cómo funciona? Un equipo llamado electrolizador (o clorador salino) se instala en el circuito de depuración. Cuando el agua —con una pequeña cantidad de sal disuelta, 4-6 g/l— pasa por la célula, la electrólisis transforma la sal en cloro, que desinfecta el agua y luego vuelve a convertirse en sal. Es un ciclo continuo y automático.
Las ventajas frente al cloro tradicional: el agua es más suave para la piel y los ojos, sin olor a cloro; se reduce drásticamente la compra y manipulación de productos químicos; y la desinfección es constante y automática. Combinada con un control automático de pH, la piscina prácticamente se autogestiona.
¿Y el agua sabe salada? No. La concentración de sal (4-6 g/l) es muy inferior a la del mar (35 g/l) e incluso a la de las lágrimas. El agua se percibe sedosa, no salada.
El precio de instalar la cloración salina depende del volumen de la piscina: un electrolizador para piscinas de hasta 30 m³ cuesta 600-1.200 €; para 30-60 m³, entre 1.200 y 2.200 €; y un sistema completo con control de pH, entre 1.800 y 5.000 €. La célula se sustituye cada 4-6 años. ¿Merece la pena? Por comodidad y calidad del baño, para la mayoría sí.
